depredadores, tipos, mecanismos, energía, Reinaldo Dos Santos
A veces, no somos sensatos de sus mecanismos, pero sí de sus apariencias. Existen depredadores muy precisos que residen en nuestros entornos más cercanos: vigilan nuestras fortificaciones para cambiarlas en extenuaciones, ahogan nuestras convicciones para convertirlas en inseguridades… Son enemigos voraces que incumbimos controlar y evadir.
Es muy viable que muchos de nosotros al escuchar la expresión “depredador,” puesto en este contexto de las relaciones humanas y la psicología, concibamos casi al momento al clásico “barba azul”. Son habilidosos interventores del dolor emocional, del lento deterioro de la autoestima, del engaño, la manipulación y la vulneración.
Los conocemos bien. Empero, conseguimos poseer bien situado en nuestro sexto sentido ese detector exterior de aspectos nocivos, sin facilitar cuenta de que en nuestro interior situamos de genuinos nocivos de la psique. A menudo, somos nosotros mismos quienes frenamos ese crecimiento interior con el cual facilitar la circunstancia de ser libres y auténticos, de dar forma a esa partícula con la que encender nuestros senderos vitales.
Lo creamos o no, suele ser mucho más dificultoso igualar estos enemigos interiores, esas zonas equivocadas que concretan nuestro verdadero “cociente de felicidad”. Te planteamos recapacitar sobre ello, te invitamos a ahondar en estas 5 dimensiones que sin duda, te serán de gran ayuda.
Los 5 tipos de depredadores que destruyen tu felicidad
1. Los nocivos que te conciben creer que eres diminuto, incapaz, vulnerable
Concurren sospechosos vitales que saben revelar a la persona perfecta. La optan por su caridad, por su nobleza y por esa proximidad sin límites donde no caben los egoísmos, las aprobaciones interesadas.
2. Los perjudiciales enmascarados con piel de cordero
Seguro que conoces a más de un perfil con estos únicos atributos. Este tipo de depredadores residen en las cordilleras del éxito social. Abaten muy bien, son carismáticos, hechizantes, divertidos y cercanos.
A pesar de, a medida que erigimos un lazo más angosto con ellos nos vamos dando cuenta de aquello que se halla bajo su piel de cordero: el egoísmo interesado del nocivo, la frialdad, la desidia, la falsedad, la escasez de control, de ser admirados, alabados…
3. El depredador interno que te obliga a buscar refuerzos exteriores
Hay personas para las que su vida es como una hoja de papel desplomada en el suelo. Solo se agitan cuando una rágafa de viento les incita, cuando una brisa aletea a su alrededor y le admite progresar un paso.
- Precisan ser validadas, tener refuerzos externos para saber que lo que conciben a cada instante, está bien. En caso de no lograr esos estímulos se permanecen quietas, como pérdidas y a la espera. Sin rumbo.
- La inseguridad, el miedo, la falta de autoestima y un autoconcepto frágil los reconcilia en pequeñas hojas de papel desnudas, apagadas y sin ningún uso.
4. Los depredadores que atentan contra tu equilibrio emocional
No importa cuáles sean tus necesidades o problemas: los de tu depredador emocional serán más graves, más intensos y de mayor relevancia. Tanto es así, que perderás tu derecho a quejarte, a lamentarte.
- La realidad que rodea a este tipo de cercenadores de felicidad se reduce a un círculo muy estrecho donde quedarás atrapado. Tu mundo dejará de tener ventanas donde asomarte, oxígeno donde respirar o espejo donde verte reflejado.
Asimismo, tu depredador emocional te convertirá en un pequeño satélite orbitando alrededor de su vasto planeta.
5. El depredador interno que te indica que el mejor lugar del mundo, es tu zona de confort
Esto es lo que día a día te murmurará tu depredador interno más sagaz, más demoledor y hábil. Su deseo es muy concreto: quiere que te permanezcas quieto. Inmóvil como esas rocas de las playas donde desgarran las olas, donde pasa el tiempo y nada sucede.
Tomar conciencia de esta realidad es un acto prioritario. Dar el paso para salir de las fauces hondas de nuestra zona de confort es un acto de valentía.
Para ultimar, tal y como logramos ver, los auténticos depredadores de este mundo moderno son tan complicados como peligrosos.
A veces, nos domamos tanto a un tipo de personas y de conductas que regularizamos sus resultados fatigosos hasta el punto de dejar de desobedecer ante ellas. No es lo apropiado. Jamás debemos llegar a este punto, porque ser feliz, en apariencia, puede ser factible, pero lo efectivamente complejo es asimilar a no ser desgraciados.
Fuente Reinaldo Dos Santos
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