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La ansiedad y el estrés son dos males propios de nuestra sociedad. Pasar muchas horas trabajando, sobreexigirnos en el trabajo y dejar muy poco espacio para el descanso y la recreación suelen ser la tónica de nuestros días. Por supuesto, esto conlleva a diversos problemas a nivel físico, mental y emocional.
Si bien cada persona es un mundo y está provista de diversos recursos internos para lidiar con dificultades, en algún aspecto el estrés y la ansiedad se manifestarán, ya sea a través de un mal descanso, irritabilidad, inestabilidad emocional o angustia permanente sin motivo.
A veces los distractores externos suelen ser tan fuertes y demandantes que pensamos que podemos colapsar. La tendencia de la multitarea – hacer varias actividades a la vez pero sin impacto en lo productivo – es una causa de ello, ya que creemos que podemos lidiar con diversas tareas importantes y lograrlas todas a la vez con éxito y de manera impecable. Si bien en un comienzo esto puede ser así, a no ser que deleguemos un porcentaje importante de actividades derivadas de esas tareas, nos veremos atrapados en una espiral muy compleja y que repercutirá en todos los aspectos de nuestra vida.
En este sentido, es importante hacer una pausa y reflexionar sobre nuestra situación actual: ¿Nos estamos volviendo adictos al trabajo? ¿Existe un área de nuestra vida que estamos abandonando y que necesita de nuestra atención? El cuerpo siempre es nuestro maestro y se encarga de mostrarnos el camino.
Frente a esto, es importante tener en cuenta que, independiente de la afección que tengamos, es muy importante reconocer que estamos en una etapa vulnerable y que necesitamos atender. Si nuestros recursos internos no se hacen suficientes – tal vez porque ya los hemos llevado a su límite máximo- siempre pidamos ayuda y consejo a nuestros cercanos. Tal como en un problema de salud física, la ansiedad y el estrés necesitan de nuestra atención.
Por ello, y especialmente enfocándonos en las épocas de mayor tensión -como lo son las celebraciones y cierres de fin de año- es de suma importancia mirar a nuestro corazón y tener como ruta principal nuestro autocuidado. Esto se refiere a descansar más -quizás no dormir diez horas de corrido pero al menos dar pequeños pasos; hacer más de lo que más nos gusta y relaja; pasar más tiempo con nuestros amigos y familia y, por sobre todo, aprender a soltar la idea que podemos ser superhéroes y absorber enormes cantidades de trabajo.
Nuestra capacidad física y mental, si bien es extraordinaria, siempre hay que cuidarla. A menudo el cuerpo nos pide descansar y nosotros tomamos la ruta contraria, sobreexigiéndolo hasta más no poder, con los consecuentes efectos en nuestra vida.
La lección, entonces, está en establecer un límite a aquello en lo que realmente podemos comprometernos, y si bien muchas veces no podemos escapar al trabajo, expresar nuestras emociones nos permitirá mantener una relación más cercana con nosotros mismos. Es un camino y una elección del día a día, pero que vale la pena seguir.
Fuente Guioteca
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