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El espíritu de una casa es una entidad viviente, con una conciencia y una evolución propia, el cual es controlada y dominada por las personas que viven adentro del hogar que la afectan o favorecen con su aura.
Tu casa ríe, cuando tú ríes, llora cuando tú lloras, aprecia cuando la cuidas y responde a tu amor o interés que le tienes. Decae y se desanima cuando se le abandona. Cuando entras a una casa y sientes una energía positiva o negativa, estas percibiendo el espíritu de la casa, es decir, el aura de las personas que allí habitan. Ese espíritu es el fragmento de energía de cada uno de los habitantes y responde de igual forma como si fuese una persona viva. ¿No has notado cuando entras a una casa que se siente pesada? O por el contrario entras a una casa y te genera paz.
Es muy conveniente que ames tu casa, debes bendecirla y halagarla, enumera sus ventajas y comodidades, trátala como lo merece. Agradécele a Dios por dónde vives, aprecia cada espacio que hay en ella y hasta puedes hablar con el espíritu de ahí.
Ese espíritu fue creado por ti, y es por lo tanto es parte fundamental de ti. Solo tú puedes ser especial con ese ambiente. Amalo y respétalo, y notarás como los ambientes se sienten cada vez más cómodos. Normalmente, ese espíritu se comunica contigo, y hay olores, limpiezas, pequeñas cosas que haces por ella que le agradan y te lo hace saber, de forma inconsciente lo entiendes.
Es recomendable decir a menudo:
“Bendigo todos los granos de arena, cal y cemento; todos los átomos de madera, todos los hilos de seda y nylon, copos de algodón y moléculas metálicas que te componen, mi (casa o apartamento) querida, te agradezco el techo que me protege y la comodidad que me proporcionas, te lleno de luz de amor y armonía; te rodeo y envuelvo en la llama rosa para que todo el que se acerque a ti sienta el amor divino latir en su corazón y pierda todo deseo de dañar la propiedad ajena”.
Y con todo tu amor bendice al espíritu de tu hogar:
“Bendigo al espíritu elemental que nos acompaña en esta casa”.
Una vez que sepas de su compañía, y prestes atención a las vibraciones que emana tu casa tanto a ti como a los visitantes, notarás que falta arreglar en ti para que mejore tu casa o si estas en una frecuencia de armonía. Recuerda que tu casa eres tú, y ella solo refleja cómo te sientes.
Fuente Reinaldo Dos Santos
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