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Opinamos que la vida es un cambiar de tristezas y alegrías y que la felicidad es pasajera. El budismo, por el contrario, mantiene que consigue ser indeleble si conseguimos la paz mental. Nuestro problema es que involucramos “felicidad” con “satisfacción de deseos”. Que el error es creer que la felicidad se consigue conservando cosas, afectos, sucesos, éxito, en lugar de concentrarnos en corregirnos a nosotros mismos.
El budismo indica que la fuente de la felicidad está internamente en nosotros y que sólo hay que manifestarla, porque si no hallamos nuestra paz interior, lo externo no logrará proporcionarla. Esa paz interior posee un segundo resultado positivo, ya que al encontrar la paz somos más vigorosos en la resolución de cualquier tipo de problema.
Las cuatro reglas del budismo tibetano para hallar la felicidad son:
- Librar el corazón del odio.
- Redimir la mente de inquietudes
- Suministrar más
- Esperar menos
Perpetúa que siempre te recomiendo poseer un pensamiento positivo, porque nuestra mente hace la realidad. Para ello, la meditación consigue ser de gran ayuda. Porque nos liga con el contexto y con nosotros mismos, lo que nos traslada a esa paz interior.
Estar disgustados con el mundo y descontentos, no exclusivamente es nocivo en sí mismo, sino que, a su vez, compone un hábito de conducta que desarrolla a repetirse y nos rechaza de la felicidad ambicionada. Por lo tanto, la única forma de emprender a cambiar ese contexto es instruirse a estar alertas y cuando apreciemos que estas cualidades surgen, detenerse un momento, debilitar y conmemorar cuál es nuestro verdadero imparcial en la vida.
Algunas claves para que modifiques los sentimientos dañinos y obtengas la felicidad:
- Cuando nos enojamos, debemos centralizarnos en conmemorar los efectos negativos que la ira nos provocará, para así arrebatar conciencia de que verdaderamente al molestarnos sólo nos concebimos daño a nosotros mismos.
- En vez de imputar a las situaciones externas o a los demás, correspondemos pensar que nuestra falta de aceptación y el enojo son principios efectivas de nuestro malestar. Explorando ese sentimiento logramos buscar en nuestro interior los recursos para obtener lo que ciertamente queremos.
- El genuino antídoto de la rabia es la paciencia. Con ella logramos optimizar lo que anhelemos y comunicarnos mejor con quienes nos rodean.
- Shantideva, antiguo maestro budista indio, expresaba: “Si algo tiene solución, ¿por qué ser desdichados? Y si no la tiene, tampoco hay razón para serlo”
- Cuando residamos con nuestros familiares y amigos, recordemos la bondad que recogemos de ellos. Si los aceptamos tal y como son, sin juzgarlos, perfeccionaremos nuestras relaciones y como resultado estaremos más felices.
Fuente Reinaldo Dos Santos
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