Conoce la tercera ley espiritual

ley espiritual, tercera ley, universo, dar y recibir, Reinaldo Dos Santos

El universo trabaja por medio de la reciprocidad, la ley del dar y recibir, y si bien esta es la tercera ley espiritual. Es a su vez una muy importante.  Ya que si estamos dispuestos a dar aquello que buscamos, cuidaremos la abundancia que el universo tiene para nuestra vida.

Esta ley del dar, es la ley que nos conecta con la prosperidad. Asimismo, el universo opera por medio de una compensación dinámica de DAR Y RECIBIR, son aspectos diferentes del flujo de la energía en el universo.

Para que esta ley fluya y se mantenga en movimiento en nuestras vidas hay que abrirnos al recibir y dar sin esperar nada a cambio. Esto puede significar un cambio trascendental del modo en que vemos la vida, ya que estamos más acostumbrados a que nos den, a nosotros dar.

Cuando tenemos esta actitud en la vida, de dar sin esperar nada a cambio. Nuestra consciencia satisface nuestro propósito de expresar. Por otro lado, cuando haces bien tu trabajo, sin pensar en lo que te pagan, estas dando lo mejor de ti.  Pero si sólo piensas en recibir el cheque y haces lo mínimo posible (bajo la excusa de que estás mal pago), estás solamente tomando.

 A veces podemos pensar: ¿Pero qué provecho voy a sacar yo de esto? Cuando proveemos lo mejor de nosotros, activamos la Ley de Dar y Recibir y por ley, debemos recoger lo mejor del Universo. Si damos lo menos posible, la vida nos dará lo menos posible. Y si damos a los demás con amor y recibimos de los demás con gratitud, nuestro bien nos retornará multiplicado… esa es la Ley.

Comúnmente, hay dos tipos de personas en la vida: los dadores y los tomadores. Los tomadores son las personas que creen que sus vidas siempre serán la suma de lo que logren almacenar en el mundo. Siempre deliberan en recibir, recibir, recibir. Ellos siempre están pensando en formas de conseguir más dinero, amor, felicidad, y toda clase de bien… Pero no concierne cuánto obtengan, rara vez llegan a saber lo que es la paz y la satisfacción. Los dadores, por su parte, están convencidos de que la vida es un transcurso de dar. Consecuentemente, les ocasiona darse con amor, con espíritu de servicio, hacerse útiles, ayudar en lo que se pueda. Constantemente se aprecian seguros, porque saben intuitivamente que el bien fluye de su interior.

El flujo de la vida no es otra cosa que la interacción encantadora de todos los elementos y las fuerzas que componen el campo de la existencia. Esta armoniosa interacción de los elementos y las fuerzas de la vida aplica a través de la ley del dar. Puesto que nuestro cuerpo, nuestra mente y el universo amparan un constante y dinámica reciprocidad, aplacar la circulación de la energía es como tranquilizar el flujo sanguíneo.

 Cuando la sangre desiste de circular, inicia a coagularse y a paralizarse. Por ello debemos dar y recibir a fin de conservar la riqueza y la afluencia o cualquier cosa que deseemos en la vida – circulando persistentemente.

La palabra “afluencia” viene de la raíz latina afflúere que representa “fluir hacia”. La palabra afluencia significa “fluir en abundancia”. El dinero verdaderamente es un símbolo de la energía vital que intercambiamos, y de la energía vital que esgrimimos como resultado del servicio que le suministramos al universo. Al dinero también se le llama moneda “corriente”, nombre que manifiesta equivalentemente la naturaleza fluida de la energía. La palabra “corriente” viene del latín cúrrere que simboliza “correr” o “fluir”.

Por tanto, si imposibilitamos la circulación del dinero, si nuestro único propósito es acumular el dinero y aferrarnos a él, frenaremos además, puesto que el dinero es energía vital, que éste vuelva a circular en nuestra vida. Para que esa energía fluya continuamente hacia nosotros, debemos conservarla en circulación. Al igual que un río, el dinero debe conservarse en movimiento, o de lo contrario comienza a estancarse, a obstruir, a sofocar y a estrangular su propia fuerza vital. La circulación lo mantiene vivo y vital.

Toda relación es una relación de dar y recibir. El dar procrea el recibir, y el recibir engendra el dar. Lo que sube debe bajar; lo que se va debe volver. En realidad, recibir es lo mismo que dar, porque dar y recibir son aspectos disímiles del flujo de la energía en el universo. Y si contenemos el flujo de alguno de los dos, dificultamos la inteligencia de la naturaleza.

En toda semilla está la promesa de miles de bosques. Pero la semilla no debe ser atesorada; ella debe dar su inteligencia al suelo fértil. A través de su acción de dar, su energía invisible fluye para convertirse en una declaración material.

Cuanto más demos más recogeremos, porque conservaremos la abundancia del universo transitando en nuestra vida. Realmente, todo lo que tiene valor en la vida se multiplica exclusivamente cuando es dado. Lo que no se multiplica a través del dar, ni vale la pena darse, ni vale la pena recibirse. Si al dar sentimos que hemos perdido algo, el regalo no ha sido dado en realidad, y entonces no forjará abundancia.

Fuente Reinaldo Dos Santos

ley espiritual, tercera ley, universo, dar y recibir, Reinaldo Dos Santos

Post Author: