El corazón tiene neuronas

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Si bien muchos no lo crean, nuestro corazón también siente, piensa y decide. En él se reúnen cerca de 40.000 neuronas y toda una red de neurotransmisores con unas funciones muy específicas que lo convierten para nuestra admiración, en una extensión perfecta de nuestro cerebro.

Algo que rastra curioso es que, cuando queremos referirnos a nuestra propia persona, es común trasladar la mano hacia el corazón. Es algo automático, casi instintivo, como si una voz misteriosa y atávica nos revelara que justo ahí se localiza el centro de nuestro genuino ser, de nuestra conciencia.

Esa voz no se equivoca del todo: la neurociencia es una ciencia siempre fantástica y indicadora que ofrece luz hacia esos procesos que a veces  vislumbramos pero que no terminamos de concebir. El corazón está profundamente agnado al cerebro, tanto, que de hecho está enviándole información de forma inquebrantable e inclusive activando o privando diversas áreas cerebrales según ciertas necesidades.

Te gustará saber, por ejemplo, que emociones como el amor y su declaración a través del cariño, la ternura o la necesidad y cuidado nacen de este complicado excepcional de células, nervios, energía y electricidad que conceden lo que somos: una ingeniería perfecta lista para interrelacionarse con su entorno y con sus colectividades.

Te planteamos reflexionar sobre ello, te animamos a ir más allá de la simple metáfora de que “también pensamos con el corazón” para percibir todas esas maravillas reunidas justo ahí, en el centro de tu pecho.

Sí, el corazón asimismo es un órgano inteligente

El corazón es un órgano emocionalmente inteligente. Entiende, sin duda, una extraña redundancia e incluso una frase demasiado poética como para darle certificado. No obstante, pensemos un momento en lo siguiente: cuando cultivamos emociones positivas especializadas por la calma, la armonía y una complacencia plena y auténtica, la periodicidad cardíaca está en armonía. Es rítmica y perfecta.

Pese a, factores como el estrés, la ansiedad o el miedo fraccionan por completo este equilibrio. Sus ondas, florecen de pronto en picos nada armoniosos e incluso peligrosos. El corazón sabe bien que las emociones nos auxilian a enlazar con otras personas. De ahí, y solo como ejemplo, que sea este órgano el que se autorice de producir definitivas hormonas, como la ANF, representante, entre otras funciones, de incitar la liberación de oxitocina, la hormona del cuidado, el cariño o el amor.

Fuente Reinaldo Dos Santos

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