Nuestras conductas están intervenidas por nuestra clase social

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Los habitus son esquemas por los cuales procedemos, pensamos y sentimos de una terminante manera. Los habitus están asociados a la posición que poseemos dentro de la sociedad y, por tanto, a la clase social a la que incumbimos.

Estos esquemas hacen que las personas que viven en un ambiente conforme tengan estilos de vida parecidos. Así, los gustos en cuanto a deportes, películas, libros…, y las actuaciones ante explícitas situaciones están coligados al nivel educativo como al trabajo que conquistan estas personas.

Iniciaciones del “habitus”

El concepto de Habitus se remonta a Aristóteles. Para él, el habitus era lo que se ubicaba entre el acto y la fuerza por una parte y, por otra parte, entre el exterior y el interior. Consecutivamente, Pierre Bourdieu da a la expresión una definición más sistémica desde el campo de la sociología. Para Bourdieu, el habitus sirve para prevalecer la distinción entre “objetivismo” y “subjetivismo”. Lo precisa como un ligado de esquemas a través de los cuales observamos el mundo y operamos en él.

 

Los habitus pueden cambiarse. Cada persona cambia sus habitus cuando opera de forma desigual a como suele hacerlo. Cuando nos admitimos de forma diferente, de forma que nadie se lo espera, estamos transformando nuestros habitus. En estos casos no nos regimos por los esquemas de habitus. Sin embargo, el habitus es un esquema social concurrente y, a menos que consigamos que los demás sigan nuestros nuevos procederes, no obtendremos cambiar los habitus.

Pero cambiar los habitus es muy enredado, sobre todo porque normalmente no los reconocemos. La propensión corriente es especular que somos libres y que nuestras acciones y inclinaciones brotan desde nuestra libertad. Por supuesto, ésto no es así, al menos del todo, pues los habitus poseen una gran autoridad sobre nuestros pensamientos, percepciones y acciones.

Asimilando los habitus

El habitus se asimila con el cuerpo, sobre todo mediante el movimiento. Es un aprendizaje inconsciente, pues no solicita de la conciencia. Al tolerar de terminante forma causamos esquemas mentales que nos van a indicar cómo comportarnos cuando nos hallemos en contextos equivalentes.

Desde pequeños estudiamos que un sepelio es algo triste y debemos sentirnos tristes cuando asistimos a uno, inclusive si estamos contentos y codiciamos reírnos. Esta conducta es un habitus empollado al ver la conducta del resto de personas de nuestro entorno, el cual imitamos. Incluso logramos evidenciar como, si alguien se admite de manera distinta, es castigado directa o indirectamente.

De la misma forma, las discrepancias entre clases sociales se causan mediante los esquemas del habitus. Los procedimientos de las porciones de comunidades pequeñas suelen ser similares, sobre todo si los miembros de la comunidad se entienden. Recapacita en tu colectividad de vecinos. Probablemente tengas muchas cosas en común y cuantas más cosas compartas como el trabajo, el nivel de educación, el nivel económico, etc., más gustos compartes. Asimismo nuestras conductas serán equivalentes, aunque no te des cuenta.

Los habitus en la clase social

A cada situación social le atañen diferentes experiencias, prácticas y discernimientos que, atendiendo a los esquemas de habitus, serán estimados como las peculiaridades y modos de cada clase social. Estas particularidades simultáneas por las personas que conciernen a una misma clase social nos consideran algo normal, inseparables a esa clase social.

Fuente Reinaldo Dos Santos

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