Egrégor, pensamiento, universo, psíquica, influencia, humanidad
Un Egrégor es una forma psíquica, un pensamiento-forma, que vive y se mueve dentro de los distintos éteres que constituyen el espacio planetario.
Hay egrégores que vienen de un remoto pasado y que todavía existen en los bajos niveles del plano astral y son proyectores de energía negativa sobre el aura etérea de nuestro mundo. Otros son de carácter más reciente e influyen sobre el ambiente social, cultural, religioso, político, etc.
Tienen influencia dentro del inconsciente colectivo de la humanidad y se expresan en la masificación.
Sobre los más antiguos existen dos clases:
Unos, creados durante la civilización Lemuriana, por su incorrecta forma de pensar, sentir y actuar, y que constituyen los semilleros de virus y bacterias que originan las más importantes y dolorosas enfermedades de la humanidad.
Otros, que dotados de un portentoso poder, provienen de la Atlántida. Son concentraciones de energía psíquica que se expresan en el astral. Constituyen el principal enemigo de los aspirantes a discípulos que intentan establecer contacto con el Yo Superior.
Un egrégor es un núcleo de sustancia mental, psíquica o etérica, creada por el modo de pensar, sentir y actuar de los seres humanos y que expresan cualidades de conciencia, creados a través de devas sustanciadores de la energía en cualquier nivel de la vida de la Naturaleza.
Existen egrégores efímeros, que al no tener la suficiente energía, desaparecen con el tiempo y son aquellos que influyen los ambientes sociales y culturales.
Para poner un ejemplo, el miedo al diablo es un egregor.
¿Pero como es que se ha creado semejante ser (si es que existe)?
Existe una historia que cuenta que muy en la antigüedad las sociedades eran matriarcales. Las mujeres eran fuertes y tenaces y tenían el dominio de toda la comunidad.
Ellas lideraban todas las actividades, dejando para los hombres las tareas más arduas: ellos eran casi esclavos en este tipo de sociedad.
Un día, se produjo un evento que fue considerado nefasto para las líderes: les nació un hijo con problemas y las mujeres empezaron a dudar.
Vieron que empezaron a perder la armonía y una nube de dudas las invadió, sintiendo que algo no andaba bien.
Los hombres, aprovecharon esto para sembrar el miedo. La única cosa que ellas podían temer era a algo que no pudiesen ver. Algo desconocido.
Ellos, sembraron la idea de un ser nefasto que provocaba desgracias. La idea se fue corriendo por la comunidad, hasta que el temor invadió a la clase femenina y fueron perdiendo el poder.
Al tiempo, los hombres cambiaron la historia, haciéndose dueños y artífices de la situación.
¿No es interesante?
El demonio no es más que una creación que ha tomado vida y que alimentamos con cada temor. Si fuésemos conciente de ello, no tendría ningún efecto sobre nuestras vidas.
Así, la Tierra, tiene que erradicar estas energías.
Cientos de energías de esta naturaleza, rodean a la Tierra.
Cada vez que un ingenuo ser humano enciende un cigarrillo, alimenta el espíritu de un egrégor: el del fumador.
Es lo mismo para el sexo, las drogas, la depresión, la violencia, etc.
La humanidad no es libre totalmente ya que estas energías aun persisten, aunque cada vez con menos fuerza.
En los últimos 10 años se ha producido una limpieza muy grande en este sentido gracias a los Trabajadores de la Luz. Cada meditación, cada expansión de la conciencia, cada pensamiento y acción positiva, contribuye a desactivar gran parte de estas energías.
Así es, como la Tierra tiene que liberarse
Fuente Carolina Isava
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