Todos somos uno: la ley de la unidad

La ley de unidad es muy fácil de entender; de hecho, se deduce de otras leyes universales, como la de causa y efecto o la del equilibrio químico.

La ley de unidad puede resumirse en una corta frase: “todos somos uno”.

Esta idea o concepto no es nuevo; forma parte de muchas culturas y filosofías, incluyendo la nueva corriente espiritual o New Age que tanto se ha ido desarrollando en las últimas décadas.

Hará casi veinte años que oí hablar de esta ley por primera vez, cuando leí uno de mis libros favoritos, Conversaciones con Dios.

Por tanto, no estoy aportando aquí nada nuevo. Sin embargo, me apetece hacer un breve recordatorio, porque la ley de unidad no sólo es fundamental, sino que tendemos a olvidarla muy fácilmente.

 

¿Qué es la ley de unidad (todos somos uno)?

La ley de unidad nos dice que no existe separación entre personas, animales, objetos, planetas o galaxias. Todos formamos parte de una misma y única unidad o familia.

En términos universales, es fácil deducir esta ley, puesto que, en el momento previo al Big Bang, la totalidad de la materia y energía del universo estaba concentrada en un único punto.

Tras la gran explosión, todo fue disgregado a través de los confines del universo; pero, en el fondo, tal y como sugieren diferentes experimentos dentro del campo de la física cuántica, todo sigue unido e interrelacionado a pesar de esa aparente separación.

Es más, ese «todo» sigue gobernado por una única energía o inteligencia a través de leyes o principios universales comunes.

A escala humana, la idea clave que deriva de estas reflexiones es que, entre personas, tampoco existe separación alguna.

Como decía antes, todos somos, en definitiva, una gran familia. Todos formamos parte de una misma unidad, la humanidad.

Y la humanidad no es más que un conjunto de almas encarnadas en distintos cuerpos que buscan crecer, adaptarse, evolucionar y, por supuesto, ser felices.

La ley de unidad nos dice que no existe separación entre personas. 

Al final, todos nosotros buscamos llegar al mismo punto: a lo más profundo de nuestro ser, a la realización, al amor, o a Dios; sinónimos que expresan el lugar de donde provenimos y, por tanto, el nexo común que todos compartimos.

Todos estamos involucrados en un mismo proyecto, un proyecto que depende de cada uno de nosotros y donde todos ponemos –seamos o no conscientes de ello– nuestro pequeño granito de arena.

 

¿Cómo aplicar la ley de unidad en nuestra vida?

Si todos somos uno, eso significa que, cuando alguien sufre, en realidad, aunque sea a un nivel sutil, sufrimos todos; y que, cuando alguien muere de hambre, es asesinado o es humillado, de alguna manera, es toda la humanidad quien sufre las consecuencias de ello.

Al contrario, cuando alguien es feliz, esa felicidad también repercute sobre el conjunto; mientras que, si alguien es premiado, es reconocido o es amado, los beneficios que de ello se derivan repercuten potencialmente en todos nosotros también.

Percatarnos de este hecho es de una importancia capital.

Aunque habitemos en cuerpos distintos, a efectos prácticos, no hay separación entre personas.

Por tanto, maltrata al prójimo y te estarás maltratando a ti mismo; ama al prójimo y te estarás amando a ti mismo. Hazle daño a la madre tierra y estarás destruyendo la casa que todos compartimos.

Es una idea simple y lógica que han propuesto, de una u otra forma, diferentes líderes espirituales y religiosos a lo largo de la historia, pero es una idea que nos cuesta entender y, mucho más, aplicar a nuestro día a día.

No obstante, llevarla a la práctica es sumamente sencillo. A fin de cuentas, todo se resume a simples dichos populares como: “haz bien y no mires a quien”, “no hagas a los demás aquello que no quieras que te hagan a ti” o “trata al prójimo tal y como quieres ser tratado tú”.

Imagina el enorme impacto que tendría a nivel mundial, en nuestra vida y en nuestro día a día aplicar estas consignas tan básicas.

 

¿Por qué nos resultará tan difícil hacerlo?

La ley de unidad nos dice que todos somos uno, por tanto, trata a los demás tal y como quieres que te traten a ti, así de simple. 

Para terminar, quisiera compartir contigo dos pequeñas reflexiones que un día escribí. Nos recuerdan lo que somos; y eso nos lleva, de nuevo, a la ley de unidad:

“Al igual que cuando una gota de lluvia cae al mar y produce una onda que se transmite hasta los confines del océano del que forma parte, las personas somos también como gotas. Gotas de un mismo océano, gotas cuyas acciones y pensamientos se transmiten hasta el último rincón del universo, cambiándolo para siempre”.

“Todos somos uno, una misma cosa, un mismo ser. Todos formamos parte de la energía universal que conforma el Todo; es allí de donde venimos, y es allí donde vamos a parar”.

 

Fuente: Ubay Serra Sánchez

https://viajealaesencia.com

Post Author: